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Creíamos que era niebla

El caso de Delhi, India

#MegaciudadesyContaminación

© Santi Palacios para Sonda Internacional

Resumen del proyecto

#MegaciudadesyContaminación
Título proyecto:

Megaciudades y contaminación

Autor/es:

Fotografía: Santi Palacios | Texto: Maribel Izcue | Producción en terreno: Suyash Shrivastava

Proyecto:

Megaciudades y contaminación: El Epicentro Asiático es un proyecto fotodocumental que analiza tres de los mayores retos medioambientales del siglo XXI: los residuos plásticos, la mala calidad del aire y la contaminación del agua. El proyecto se centra en tres megaciudades de Asia, el continente más poblado del mundo: Metro Manila, Delhi y Yakarta.

Fotografía: Santi Palacios | Texto: Maribel Izcue | Producción en terreno: Suyash Shrivastava

25 octubre 2022

Prácticamente todo el mundo respira aire contaminado. No es una forma de hablar: el 99%  de la población del planeta respira aire con polución por encima de los límites recomendados, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cada año, el aire tóxico provoca la muerte prematura de casi siete millones de personas. Y, aunque la atmósfera no entiende de fronteras, es la población de los países con rentas medias y bajas la que respira aire de peor calidad.

Hay una larga lista de contaminantes del aire identificados como nocivos para la salud: el monóxido de carbono, los óxidos de nitrógeno, el plomo, el llamado ozono troposférico, los óxidos de azufre… La mayoría proviene de la quema de combustibles fósiles. También se incluye en esta lista la llamada materia particulada (PM, por sus siglas en inglés): partículas microscópicas que pueden ser inhaladas y provocar daños graves en el organismo.

Nueva Delhi, en la India, es la capital con el aire más contaminado del planeta. Los cerca de 28 millones de habitantes del área metropolitana de Delhi respiran un cóctel tóxico que se agrava en invierno, cuando factores meteorológicos concentran la contaminación sobre la megaurbe. Durante los picos más altos de polución, ésta ha llegado a superar 40 veces el límite considerado seguro por la OMS.

© Santi Palacios para Sonda Internacional

Ubicada en el norte del subcontinente indio, Delhi se levanta sobre una extensa superficie de algo más de 1.400 kilómetros cuadrados. Es un territorio (oficialmente, el Territorio de la Capital Nacional) dividido en once distritos, uno de los cuales es Nueva Delhi, sede de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. 

La clasificación que sitúa a Delhi a la cabeza de las capitales más contaminadas del mundo tiene en cuenta la polución por las llamadas PM 2,5: partículas con un tamaño de menos de 2,5 micras, treinta veces inferior al grosor de un cabello humano. Estas partículas —que pueden incluir sustancias químicas orgánicas, polvo, hollín y metales— son capaces de penetrar en el torrente sanguíneo y aumentar el riesgo de  enfermedades coronarias, derrames, enfermedades pulmonares o cáncer. En la actualidad se han convertido en uno de los medidores más importantes de contaminación urbana.

© Santi Palacios para Sonda Internacional

En su actualización más reciente de las directrices sobre calidad del aire, la OMS —que las había revisado por última  vez hace 15 años— advirtió de que la polución ambiental deja una huella en la salud mayor de la que se creía y estableció en 5 microgramos (µg) por metro cúbico el límite anual de PM2,5 (anteriormente estaba en 10 µg por metro cúbico). Cada país, sin embargo, tiene sus propios parámetros. En la India, el límite es de 40 µg por metro cúbico al año, cuatro veces más que el establecido por la OMS.

Aunque la contaminación en Delhi es la más mediática, el problema se extiende a múltiples ciudades del país. Tanto, que el prestigioso Centro para la Ciencia y el Medio Ambiente (CSE) lo ha definido como una auténtica crisis nacional. Las mediciones de IQAir, compañía global de información y tecnología de la calidad del aire, lo ratifican: catorce de las veinte ciudades con mayor polución ambiental del planeta se encuentran en la India.   

Varios factores confluyen para hacer de la capital india la más contaminada del mundo: millones de vehículos que toman cada día sus carreteras; la quema al aire libre de residuos y otros combustibles; la presencia de fábricas y zonas industriales, las perennes obras de construcción, y las quemas agrícolas a gran escala en las regiones vecinas a Delhi. 

Invierno tras invierno, esta megalópolis aparece invariablemente envuelta en una capa de smog: una mezcla de bruma y contaminación que muchos, al principio, confundían con niebla. 

TRÁFICO

Por las carreteras de Delhi circulan más de 13 millones de vehículos: están entre los grandes causantes de las partículas tóxicas en el aire de la megaurbe —tanto por la combustión del motor como por el desgaste de neumáticos y frenos—. Y cada día se suman más de un millar de nuevos vehículos, según Shambhavi Shukla, investigadora sobre polución ambiental del CSE. El transporte público en esta gigantesca urbe está poco desarrollado: según datos de 2019, el número de autobuses urbanos no sobrepasaba los 5.500. Desde el CSE insisten en que es necesario, al menos, duplicar ese número para mitigar el problema de la polución. Se calcula, además, que unos 2 millones de vehículos carecen del llamado certificado de control de polución, que certifica que sus emisiones cumplen las normativas.

En los últimos años se han dado algunos pasos para tratar de reducir la contaminación causada por el tráfico. Se han creado, por ejemplo, carreteras de circunvalación para evitar que los camiones —a los que además se les cobra una tasa ambiental— atraviesen la ciudad; también se fomenta el uso de combustibles menos contaminantes y se han impuesto restricciones a los vehículos antiguos. Cuando los picos de contaminación se disparan, se aplica la norma par-impar: cada vehículo solo puede circular ciertos días en función de su número de matrícula. Son medidas de emergencia, “pero hay que ir más allá”, dice Shukla. “Necesitamos un sistema de transporte público masivo”.

Rukmani

Procedente de la región de Rajastán, Rukmani vive con su familia en la calle, bajo un puente elevado entre dos de las carreteras más concurridas del sur de Nueva Delhi. Llegó a la capital india en la década de 1990, con 24 años, en busca de trabajo. Desde entonces ha trabajado en obras de construcción, tendiendo cables o en la venta ambulantes. Es madre de cinco hijos y abuela de tres nietos. Ahora se gana la vida vendiendo todo tipo de objetos a los ocupantes de los vehículos cuando paran en los semáforos del cruce. 

Ella y su familia pasan los días y las noches respirando el humo que sale de los miles de vehículos que circulan por los cuatro carriles contiguos al rincón donde han instalado sus vidas. 

Cuando se despierta, antes de que salga el sol, ya hay algunos vehículos circulando entre una neblina que en realidad es polución. Pese a llevar años respirando las emisiones tóxicas de los vehículos, no es consciente del daño que pueden causar. “No notamos la contaminación”, dice. Pero cuando le preguntamos por su salud, cuenta que le duele el pecho y que los ojos le lloran a menudo, aunque no lo relaciona con la polución.

Miles de personas viven en las calles de Delhi: ellas son las más expuestas a la contaminación. Según el censo de 2011 — el último disponible—, en Delhi dormían al raso unas 47.000 personas. Sin embargo, diversas organizaciones señalan que la cifra es mucho mayor y algunas la elevan hasta entre 150.000 y 200.000.  

HOGUERAS

En la India, millones de personas realizan a diario procesos de combustión para trabajar, calentarse o cocinar.

Pese a estar castigada con multas desde 2015, en Delhi la quema al aire libre de basura o de carburantes es algo habitual. Se ven hogueras en barriadas de chabolas y en urbanizaciones, en patios y en las calles. Pero si en algún lugar son habituales los fuegos es en los grandes vertederos de la ciudad. Además de los que se hacen de forma intencionada para quemar basura, allí la acumulación de materia orgánica produce gas metano que arde con relativa facilidad.

Solo en los cuatro primeros meses de 2022 se produjeron media decena de incendios en vertederos de Delhi. En el de Bhalswa, uno de los mayores de la urbe, se desató un enorme fuego que se prolongó durante varios días de abril, generó grandes cantidades de humo tóxico, obligó a cerrar al menos una escuela de la zona y envolvió en una capa gris amplias áreas del norte de la capital. Los niveles de PM 2,5 se dispararon hasta multiplicar por diez los límites considerados seguros por las autoridades indias.

Bhalswa, como otros vertederos, es uno de los epicentros de la contaminación ambiental en Delhi. Aquí se reciben más de 2.000 toneladas de desechos cada día. En las montañas de basura trabajan a diario miles de personas que, al segregarla, respiran aire repleto de partículas nocivas. También los habitantes de los barrios pegados a los vertederos viven envueltos en este ambiente tóxico: los problemas en los pulmones, la piel y el estómago son algo habitual entre los residentes de este lugar.

Jawahar

En la barriada que se extiende a los pies del vertedero de Bhalswa vive Jawahar Yadav con su familia. Tiene 50 años y llegó a esta zona hace más de 30 desde la región de Bihar, en el noreste del país. Su vivienda se levanta a apenas 500 metros de la gigantesca montaña de residuos. Cuando anochece, se ve el resplandor de algunas hogueras en las que se consumen desechos. 

Jawahar utilizaba mascarilla mucho antes de que estallara la pandemia de coronavirus. Desde que sufrió un trasplante de riñón —que le donó su mujer, Madu Malha Devi—, se encuentra entre la población considerada más vulnerable ante la polución. Por eso, los médicos le prescribieron el uso de la mascarilla en todo momento para evitar el riesgo de infección.

Su mascarilla pronto se oscurece por el polvo, que lo invade todo en este barrio de caminos sin asfaltar. Casi todas las mañanas, la zona aparece envuelta en una neblina sucia. Al lado de una carretera por la que no dejan de pasar camiones con basura fluye un canal con aguas negras. Además de su casa, un edificio sencillo de dos plantas, Jawahar, hinduista devoto, tiene un terreno en el que está construyendo un pequeño templo.

«A veces pienso que si en un futuro pudiera vender mis tierras a un buen precio, quizá iría a Haridwar [en el norte del país]. Hay menos polución y es una ciudad sagrada».

Jawahar Yadav. Bhalswa.

CONSTRUCCIÓN

La ciudad de Delhi, en perpetuo crecimiento y transformación, alberga innumerables obras que contribuyen a aumentar la cantidad de micropartículas de polvo en el aire. Todas aquellas que ocupen más de 5.000 metros cuadrados deben tener de uno a cuatro de los llamados cañones anti-smog: enormes vaporizadores de agua para hacer que las gotas, al caer, arrastren las partículas contaminantes al suelo. Cuando la calidad del aire alcanza el estatus de “grave”, se paralizan todas las actividades de construcción, con la única excepción de aquellas que sean estratégicas o relacionadas con la seguridad nacional. 

Esta prohibición es parte del llamado GRAP (Plan de  Acción de Respuesta Gradual): un mecanismo de emergencia elaborado en 2017 por el que se ponen en marcha una serie de medidas —desde el cierre de escuelas hasta la limitación del tráfico— cuando la contaminación supera ciertos niveles. A mayor contaminación, más estrictas las medidas. 

Ankita y Pushpendra

Ankita Agrawal y Pushpendra Yadav viven en Noida, una ciudad satélite de Delhi que parece estar en eterna construcción. Aquí tienen sus sedes numerosas empresas tecnológicas, lo que ha atraído a jóvenes profesionales como ellos. 

Cuando en 2015 el matrimonio compró su apartamento en Noida, no pensó que iba a ser su gran lastre. Los días de más contaminación apenas se ven las torres en construcción justo enfrente de su edificio, enormes moles de ladrillo aún a medio hacer. La capa gris que se ve a lo lejos es contaminación. Está siempre allí.

“Al principio, creíamos que era niebla”, dice Ankita. Mientras habla sostiene con cariño a su bebé, Anush, de apenas un mes. Pronto se dieron cuenta de que aquella niebla era realmente el smog que les causaba el picor en los ojos y en la garganta. 

“La polución ha afectado a nuestras vidas de una forma muy negativa. No salimos a pasear, ni a hacer deporte… El pequeño aún no ha desarrollado inmunidad, tiene solo un mes”, dice Ankita.

Durante sus primeros treinta días de vida la pareja no sacó al bebé a la calle por miedo a la contaminación. Solamente lo llevaron al pediatra para que le pusiera las vacunas correspondientes. «Ya está todo», cuentan que les dijo el médico. «Ahora solo os falta sacarlo de Delhi».

Ankita se llevará al pequeño al sur de la India mientras dure su baja por maternidad. 

Pese a que en Noida Ankita y Pushpendra tienen casa, trabajo y amigos, se plantean emigrar para huir de la contaminación. “Quizá a otro estado de la India o, si tenemos oportunidad, al extranjero”.

«Si esto sigue así, no veo ningún futuro para Delhi.»

Ankita Agrawal. Noida.

EMISIONES INDUSTRIALES

Con miles de fábricas de todos los tamaños repartidas en la región de la capital india, se calcula que las emisiones industriales contribuyen en cerca de un 30 por ciento a la polución ambiental de Delhi. La crisis del aire ha llevado a las autoridades a prohibir, a partir de 2023, el uso de carbón como combustible industrial o doméstico en toda la Región de la Capital Nacional. La única excepción serán por ahora las plantas de energía térmica, que son en realidad las mayores usuarias de carbón. 

En la cumbre de Glasgow (COP26) de noviembre de 2021, fue precisamente la India la que presionó, junto con China, hasta lograr eliminar del Pacto Climático el objetivo global que establecía la “eliminación progresiva” del uso del carbón. En su lugar, se estipuló tan solo una “reducción progresiva”, en medio de la frustración de las naciones más vulnerables a la crisis climática.

Ashish

Ashish fue diagnosticada con un tumor cerebral en 2018, cuando tenía sesenta años. La operaron de inmediato y la biopsia reveló que aquel tumor era producto de la metástasis de un cáncer de pulmón en estado avanzado. Ella no era fumadora ni había estado expuesta al humo del tabaco, ni a un entorno laboral con inhalaciones de riesgo, ni tenía antecedentes de cáncer. El único factor cancerígeno que los médicos identificaron era el aire que respiraba. 

Anand Vihar —la zona donde se encuentra el apartamento en el que vive con su marido, su nuera y sus dos nietos— es uno de los puntos negros de la contaminación en Delhi por la cercanía de una zona industrial, una terminal de autobuses y el tráfico constante.

La oncóloga que trata a Ashish, Meenu Walia, trabaja en el hospital Max de Vaishali, a las afueras de la capital. Dice que es imposible probar que el cáncer de Ashish haya sido causado por la polución, pero subraya que las estadísticas muestran que a mayor polución, más casos de cáncer de pulmón en pacientes que no deberían ser de riesgo. El doctor Sharad Joshi, neumólogo del hospital Max, es tajante. «Que la polución causa cáncer está realmente más allá de cualquier discusión», dice. «Tenemos pacientes jóvenes con cáncer de pulmón y nunca han fumado. Al operarles, nos encontramos con que tienen los pulmones negros. Después de veinte años de vivir en Delhi, en un entorno de polución, los pulmones se tornan grises o negros».

Según un estudio de la fundación india Lung Care, a finales de la década de 1980  solo el 10% de los pacientes con cáncer de pulmón eran no fumadores. En 2018, el porcentaje había subido al 50%.

QUEMAS AGRÍCOLAS

La calidad del aire en Nueva Delhi es mala durante todo el año, pero es en los meses de invierno cuando se dispara y el aire se vuelve casi irrespirable: a partir de octubre o noviembre, a los factores contaminantes de la propia ciudad se suman otros como la llegada del frío —que concentra las partículas contaminantes más cerca de la tierra— o el humo que generan las quemas agrícolas estacionales en la regiones vecinas a Delhi, especialmente Haryana y el Punjab.

Esta última es sin duda una de las causas que más polémica levanta en la capital. Las autoridades de la metrópolis señalan a los campesinos como los grandes culpables de los picos de contaminación, aunque en realidad se desconoce el peso real que tiene en la mala calidad del aire. El Gobierno indio apuntó el año pasado a que contribuye entre un 4% y un 10% —muy por detrás del tráfico o la industria—, mientras otras investigaciones sugieren que el peso puede ser mayor.

Los campesinos insisten en que lo hacen por necesidad: la mecanización de la agricultura ha provocado que, tras recoger la cosecha, tengan que quemar los tallos secos de las plantaciones para poder sembrar de nuevo a tiempo. Ellos aseguran que la megalópolis de Delhi, con su enorme densidad de población, su tráfico y sus industrias, es la responsable de su propia contaminación.

Más allá del peso real que tenga en la contaminación de la capital, lo cierto es que el viento y otros factores meteorológicos hacen que el fuego de las miles de hogueras agrícolas se condense sobre la metrópolis de Delhi y avance incluso más allá, hacia el noreste de la India. 

En los estados donde más restos agrícolas se queman, los niveles de contaminación durante esa época se disparan entre dos y tres veces por encima de los límites considerados seguros por el Gobierno indio. Al mismo tiempo, aumentan las enfermedades respiratorias entre personas de todos los grupos de edad. “El invierno es una temporada difícil. Solo en los primeros quince días hay un 25 por ciento más de pacientes”, dice el neumólogo Sharad Joshi, del Hospital Max de Delhi.

Jai

Empresario y activista, Jai Dhar Gupta vive en Gurgaon, otra de las ciudades satélite de Nueva Delhi, y está obsesionado con la lucha contra la polución. Él sufrió en primera persona el impacto de los altísimos niveles de contaminación en la ciudad. En 2013, sufrió un colapso pulmonar tras varias semanas corriendo a diario por las calles de Delhi. La recuperación le tomó varios meses y marcó el inicio de un proceso de aprendizaje: estudió los tipos de contaminación, las medidas que se habían tomado para combatirla en lugares como Pekín, los modos más efectivos de protegerse. 

Ello le llevó a fundar una exitosa marca de purificadores de aire y mascarillas, y al mismo tiempo a convertirse en una de las voces más activas contra la contaminación.

Además de participar en manifestaciones y debates televisados, Jai creó un movimiento llamado My Right to Breathe (Mi derecho a respirar) para crear conciencia de los riesgos de la polución y movilizar a quienes la sufren en Delhi.

Al mismo tiempo, alrededor de su espacio personal ha creado una auténtica burbuja de aire limpio. Cuenta con purificadores en sus oficinas, se mueve en un pequeño coche eléctrico que también lleva un purificador en su interior y, en su vivienda, tiene uno de estos aparatos en cada habitación.

“El aire de mi casa es como el de las montañas de Suiza”, dice medio en broma.

Los niveles que marca el medidor de polución que nos enseña nos confirma que, efectivamente, es así.

«¿Cómo puedes prevenir el impacto de la contaminación del aire? Respirar es algo constante, no puedes no respirar. El único modo es mantener el aire limpio».

Dr. Sharad Joshi, neumólogo. Hospital Max de Vaishali (Delhi)

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